- Tiene gracia esto, ¿no crees? - decía ella tumbada en el césped.
- ¿El qué? - decía él a su lado.
- Parece que nos conocemos de toda la vida o, al menos, desde algún que otro año... En cambio, ha pasado más de dos meses desde que nos conocimos... Qué de cosas hemos vivido.
Sonreía a la vez que cerraba los ojos recordando buenos y malos momentos. Con ternura, con mucha ternura.
Mientras tanto, él tenía los ojos cerrados y estaba pensativo.
- ¿Crees que me llamarán de la entrevista de esta mañana?
- ¿Y por qué no? - dijo él, incorporándose para quedarse sentado y contemplarla. Ella estaba tumbada, con los ojos cerrados y las piernas flexionadas. Se podría pasar así, observándola, horas.
- No suelo tener mucha suerte. ¿Sabes? Pensé en que si lo consiguiese y cobrara decentemente, podríamos alquilar un piso y, así, te quitarías de todo aquello que odias. Yo estaría cerca de la universidad... - abrió los ojos y vió que le tenía en frente, mirándole con su sonrisa y su mirada, únicas. Ella se incorporó con una sonrisa tímida. - Una locura, ¿verdad?
- Molaria. - dijo él sonriendo y luego le besó.